Tuesday, May 13, 2008

La casa amarilla. Un nuevo elogio de la locura por David Antonio Abanto Aragón



El placer de leer

Quienes descubrimos que somos lectores, descubrimos que lo somos cada uno de manera individual y distinta. No hay una unánime historia de lectura sino tantas historias como lectores. Compartimos ciertos rasgos, ciertas costumbres y formalidades, pero la lectura es un acto singular. No soñamos todos de la misma manera, no hacemos el amor de la misma manera, tampoco leemos de la misma manera.
Tampoco debemos olvidar el placer de la memoria. Leer es recordar. No solamente esos “actos ocurridos hace mucho tiempo” sino también “los actos recientes de nuestros días”. No solamente la experiencia ajena contada por el autor sino también la nuestra, inconfesada. Y no solamente las páginas del texto que vamos leyendo, memorizando las palabras a medida que adquirimos otras nuevas que olvidaremos en la página siguiente, sino también los textos leídos hace tiempo, desde la infancia, componiendo así una antología salvaje que va creciendo en nuestro recuerdo como la obra fragmentaria de un monstruoso autor único cuya voz es la de Andersen, la de San Agustín, la de Quevedo, la de Garcilaso, el inca, la de Vallejo, la de Joyce, la de Javier Cercas, la de Cortázar, la de Vargas Llosa, la de Miguel Gutiérrez, la de Miguel Ildefonso. Leer nos permite el placer de recordar lo que otros han recordado para nosotros, sus inimaginables lectores. La memoria de los libros es la nuestra, seamos quienes seamos y estemos donde estemos. En ese sentido, uno de los mayores ejemplos de la generosidad humana, como lo ha recordado Alberto Manguel, es una biblioteca.
Leer nos brinda el placer de una memoria común, una memoria que nos dice quiénes somos y con quiénes compartimos este mundo, memoria que atrapamos en delicadas redes de palabras. Leer (leer profunda, detenidamente) nos permite adquirir conciencia del mundo y de nosotros mismos. Leer nos devuelve al estado de la palabra y, por lo tanto, porque somos seres de palabra, a lo que somos esencialmente.
Como la experiencia muestra, la debilidad de nuestra memoria olvida fácilmente no solo los actos ocurridos hace mucho tiempo, sino también los recientes de nuestros días. El placer ha sido denigrado en nuestra época al entretenimiento superficial, a la distracción, a la facilidad, a la satisfacción egoísta. Confundimos información con conocimiento, terrorismo con política, juego con habilidad manual, valor con dinero, respeto mutuo con tolerancia altiva, equilibrio social con comodidad personal. Creemos que estar contentos (o creer que estamos contentos) es ser felices. Quienes están en el poder nos dicen que para sentir placer tenemos que olvidarnos del mundo, someternos a normas autoritarias, dejarnos subyugar por míseros paraísos, deshumanizarnos. Pero el auténtico placer, el que nos alimenta y nos anima, tiende a lo contrario: a tomar conciencia de que somos humanos, que existimos como pequeños signos de interrogación en el vasto texto del mundo. Quienes tenemos la fortuna de ser lectores sabemos que es así, puesto que la lectura es una de las formas más alegres, más generosas, más eficaces de ser conscientes.

La nueva narrativa peruana

La narrativa peruana —la literatura peruana en general— pasa por un buen momento. Como pruebas de ello, podemos hacer mención a las obras narrativas de escritores como Daniel Alarcón (Radio Ciudad perdida), Sandro Bossio (El llanto en las tinieblas); Miguel Ildefonso (Hotel Lima), Roberto Zeballos Rebaza (reciente ganador del premio de novela breve del BCR por Tigre hircana), entre muchas otras voces narrativas.
Esto no debe hacernos olvidar algo que no podemos dejar de señalar: si bien es cierto que la narrativa peruana ha ganado pericia y gran dominio en la técnica y la forma, no es menos cierto que, en su gran mayoría, ha perdido hondura en su relación con la realidad de la cual emerge. Valgan estas referencias para constatar la irradiación de literatura de buena ley que nos atrapa y subyuga cuando leemos el volumen narrativo de Carlos Rengifo.


La narrativa de Carlos Rengifo

Una revisión de todos los libros de Carlos Rengifo facilita la comprobación de que es uno de los escritores con una obra a la que hay que seguir con atención, si es que no se quiere soslayar a una de las voces narrativas más destacadas del Perú de este nuevo siglo.
La narrativa de Rengifo se ha inscrito dentro de la estética del realismo. Pero sus fuentes principales no son el “realismo sucio”, el “minimalismo” o “el policial negro” norteamericanos tan influyentes en los narradores peruanos e hispanoamericanos de las últimas décadas (Ricardo González Vigil lo ha considerado seguidor de Bukowski), sino la tradición realista (diremos mejor “nuevo realismo” que neorrealismo ya que nos remite a la corriente italiana de los años 40-50) peruana. En particular, Julio Ramón Ribeyro, Oswaldo Reynoso, Carlos Eduardo Zavaleta, Enrique Congrains y Mario Vargas Llosa).
Su novelística (La casa amarilla nos ratifica en ello) realiza, a su modo y en otra escala, distinta a la de los libros de cuentos del autor, sobre todo Criaturas de la sombra, un nuevo y superior intento de totalizar un microcosmos —el de la Lima de los años 90— y proponer una instantánea multidimensional como una metáfora, una alegoría, como una visión trágica sumamente corrosiva de la sociedad peruana.

La casa amarilla

A la luz de sus narraciones previas, La casa amarilla (Grupo Editorial Norma, 2007) resulta una especie de vuelta de tuerca a la temática de la inadaptación social. En primer lugar, La casa amarilla se aparta de la noción de realidad reinante, con una mezcla de lo insólito y lo grotesco, con una sutileza marcadamente satírica, que recuerda a Gogol. En su desarrollo las peripecias de la protagonista, Delicia, tienen aspectos de pesadilla perturbadora pero también elementos maravillosos, fantásticos.
La casa amarilla es un libro que ofrece distintas lecturas a distintas edades. Delicia es, en realidad, una adolescente en un mundo de adultos lleno de reglas contradictorias, con instrucciones que ellos mismos no respetan, valores que no tienen un sentido emocional. Delicia trata de comportarse siempre con una cierta lógica humana en un mundo completamente loco. En cada etapa de mi labor como lector y editor (a fin de cuentas un editor es un lector) hubo una lectura de Rengifo que correspondió a esa etapa. En este momento cualquier persona más o menos racional ve el mundo actual como un lugar de locura, ni racional ni justo. En ese sentido, el mundo de Delicia, el mundo de La casa amarilla es un espejo perfecto.
Es que la insolencia del mundo es extraordinaria en este momento. Estamos conviviendo con asaltantes, asesinos, torturadores, y aceptamos que esta sea nuestra cotidianidad. Cuando Erasmo hace el elogio de la locura, rescata la locura iluminada, la del artista. La gran diferencia entre el mundo humanista de la época de Erasmo y el nuestro consiste en que a nosotros nos falta esa perspectiva racional. Actualmente la locura maliciosa prevalece, y toda crítica se incorpora a esa forma de maldad, a esa locura profundamente destructiva. Cada época conlleva ese aspecto de la locura, pero tengo la impresión de que lo que ahora falta son testigos. Todos los momentos los tuvieron, en especial, los más terribles: José Stalin, Adolph Hitler, Pinochet, Bush, también los militares argentinos, los peruanos. Siempre hubo un grupo de gente luchando por dar testimonio, por decir lo que estaba sucediendo. Pero actualmente, el peso de las grandes corporaciones económicas anula el disenso.
No hay una fuerte voz crítica, no existe ya ese punto fijo racional dentro de la locura del mundo. Creo que eso se ha debilitado pero no perdido.
La figura del lector que proponemos a partir de su lectura polemiza con la del lector modelo propuesta por Umberto Eco. Este le asigna al lector un rol activo en la determinación del sentido de un texto. Nos quedamos con la lectura borgeana por placer, con la lectura lúdica. Cuando leemos por placer no afirmamos que transformamos el texto en otra cosa, pero sí que, a través de los espacios que habilita el autor en el texto, podemos internarnos incluso en terrenos que el escritor desconocía.
Tengamos en cuenta que Rengifo se proclama un escéptico que todo lo cuestiona, sin creencias ni convicciones definitivas en ningún terreno:
“La vida de los escritores está plagada muchas veces de anécdotas, impresiones y circunstancias que perfilan una forma particular de ver el mundo. Que nacen con un signo inequívoco señalándolos desde la infancia, es probable en ciertos casos, mientras que, en otros, hace falta el fogonazo predestinado, aquel episodio motivador que inocule el virus artístico y creativo que hay en todo escritor e inicie el camino literario hacia su consecuente destino”. Precisamente lo medular en la perspectiva de la protagonista de su nouvelle es que hace trizas los criterios de realidad en que se apoyan los realistas: los principios lógicos de identidad y no contradicción; las leyes de la causalidad; el carácter lineal e irreversible del tiempo; los limites entre vigilia y sueño, realidad y ficción, etc.
La casa amarilla nos enfrenta a un libro que, sin explicación previa alguna, nos sitúa en la habitación de una interna de un sanatorio lo que nos prepara para adentrarnos en “una temporada en el infierno” en el marco de la estadía de la protagonista, lo que acarreará en un momento determinado la posibilidad de caer en la tentación de perder la perspectiva de cordura y demencia ofreciéndonos una variante ingeniosa de uno de los temas clásicos de la imaginación creativa: el de la locura (en la estirpe de Alonso Quijano, el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha) con una intensa orientación psicológica y vivencial (y no metafísica y especulativa, como la que caracteriza a muchos seguidores de la estela de Borges), convergentemente con ello, la distancia espacial y temporal será anulada en muchos de sus episodios.
Los lectores, muchas veces, esperamos de los novelistas una ayuda en el momento de entender nuestra “escena contemporánea”. Esta novela asume el reto al mostrar, sin decirlo de manera formal, cómo la atmósfera del momento (el gobierno de facto de Alberto Fujimori, por ejemplo) influye en los sentimientos y las posturas de las personas. La casa amarilla puede ser leída como una metáfora de nuestro mundo. No debemos pensar que esta tragedia es obra de la fatalidad, o de la política, o de la religión... No, es obra tan solo de la locura de los hombres. La locura de los hombres es la única culpable.
Rengifo cultivó preferentemente, y de una manera creciente, a partir de la publicación de su segundo volumen de cuentos, la narrativa realista, pero entregándose a un realismo que calzaba con su escepticismo: un realismo desencantado, de “ilusiones perdidas” (Balzac), donde los ideales y las convicciones, igualmente los deseos (incluyendo los turbios) y las maquinaciones (dictadas por un afán de comportarse sin escrúpulos morales, como los demás) naufragan, casi sin excepciones.
Por eso suscribimos el juicio del escritor Miguel Gutiérrez, quien ha señalado sobre La casa amarilla que “Con esta novela, Rengifo da un giro singular en su producción literaria, dejando en evidencia su versatilidad creativa”.
En La casa amarilla su obra más admirable (compleja y simbólica como en el mejor Ribeyro o Luis Loayza), la noción de que la realidad ramplona sofoca toda salida trascendente (juguetonamente simbólica) permitiría hasta una explicación de la pérdida de coherencia del orden y de la cordura de su entrañable protagonista Delicia con un final que se siente estoicamente liberador, y donde uno termina cuestionándose el sentirse dueño de sí mismo. Apoyándose en la tradición de Erasmo, de Lewis Carroll, de Congrains, en nuestro medio, Rengifo defiende los desarreglos creativos de las personas contra una demencia generalizada que baja desde el poder y que no da lugar al discurso crítico ni al disenso.
Rengifo con La casa amarilla nos sumerge en una lectura que nos devuelve el placer que consiste en ese extraño sentimiento de intimidad compartida, de sabiduría regalada, de maestría del mundo a través de un mero juego de palabras.
Nuestra intención en esta aproximación a La casa amarilla no es otra que favorecer su lectura cabal, honda y completa, tanto del lector promedio como del especializado. Si al final lo hemos conseguido, nos daremos por satisfechos.

Monday, April 07, 2008

La casa de Arguedas

de Jack Flores


La casa de Arguedas (Edit. San Marcos 2008) se suma a su libro de relatos Lecciones para un suicida, que fue ganando adeptos entre lectores peruanos y, con este trabajo refuerza su estilo literario, augurándole buena receptividad en la literatura peruana. De los relatos consignados, deliciosamente leidos en un viaje de ida y vuelta al Seguro Social (para una atención médica de rutina) me permite sugerirlo. De fácil lectura y nos envuelve de principio a fin con sus temas y su tratamiento de los mismos. Divertido e ingenioso. Lo acogemos con agrado en este rincón literario.

Mejorando su calidad. un abrazo y a leerlo.

Les dejo con una nota de cotracarátula de Raúl Jurado Párraga, y el relato breve, como la mayoría de ellos, La muda.


La escritura de cuentos, o cualquier forma literaria se construye muchas veces desde los márgenes de la intertextualidad. En los cuentos de Jack Flores ese guiño es notorio. Desde la minimalización del relato (Suicida) que recuerda la infancia de Augusto Monterroso, hasta la soledad que persigue a sus personajes (La jefa, En la botica, El poeta) que nos hace recordar la frustración existencial de los personajes de Julio Ramón Ribeyro. Cada cuento de este libro está cincelado con maestría. El lenguaje es el artífice de lo fantástico en un cuento (El mono) y el absurdo kafkiano contamina varios cuentos. También aparecen como ejes temáticos en algunos cuentos la andinidad y la nostalgia, la que recuerda a Antonio Gálvez Ronceros; esto se puede leer en: La casa de Arguedas y Diego Martín. Pero a la presencia de esta influencia dada por la lectura de sus “maestros” Jack Flores le ha agregado la madurez de su propio trabajo narrativo, que silenciosamente va ocupando un lugar importante en el proceso de la nueva narrativa de nuestro país.
Raúl Jurado Párraga

LA MUDA

Conocí a Lidia en su trabajo de mesera. Llevaba un delantal azul cielo. Su larga y abundante cabellera negra contrastaba con su piel blanca como la sal. Pero yo me enamoré de Lidia por su manera de correr, daba grandes zancadas que hacía difícil alcanzarla, a la vez que me hacía reír. “Lidia –le digo-, si tú fueras maratonista, ganarías los cien metros planos”. Lidia sonríe y pone mirada de adolescente. “Ganarías más plata que Ben Jonson y dejarías de fregar platos. ¿No te parece mala idea, Lidia?”. Y ella sonríe otra vez. Lidia es siempre así: sonriente y callada, solo sus ojos hablan; ellos me dicen si mis comentarios le molestan o le agradan. Pero, en realidad, casi nunca se molesta. Lidia tiene una paciencia y una agilidad benditas. “Lidia, alcánzame el libro de Cortázar”, y ella se levanta del sillón y de un salto ya está en el estante, y de otro salto ya ha puesto el libro sobre mi mesa. “Lidia, el cafecito”, y no pasan ni dos minutos y ya está con la bandeja a mi lado.


Admiro a Lidia, difícilmente encontraría otra como ella, pero mi familia no la estima. Y cuando se enteraron de mi deseo de desposarla, me tildaron de loco, me amenazaron con enjuiciarme y echarme de la familia, amenaza última que sí cumplieron; pues me mantuve en mis trece, a pesar que hice todo lo posible para que reconozcan las virtudes de Lidia. Hablé con mi padre para que deponga su actitud, pero su respuesta fue cortante: “No tiene estatus”, y no hablaba más, encerrándose en su cara de piedra. Y cuando hablé con mi madre en la esperanza de que por el amor que me tenía y por su condición de mujer comprendiera, acabé humillado: “Con un loco en casa, basta; pero con dos, no”, y se concentraba en su telenovela, acariciando el grueso anillo que llevaba en su dedo anular izquierdo.

No tuve más remedio que irme. Alquilamos un pequeñísimo cuarto en un tugurio del centro de la ciudad. Desde entonces, nuestra vida ha sido difícil; pero nunca Lidia se ha querido quejar, ni podría hacerlo: es muda.

-.-









Friday, March 07, 2008

Huérfano de mujer




Huérfano de mujer
de Carlos Eduardo Zavaleta


Mostrando más que nunca su vigencia y su calidad literaria Carlos E. Zavaleta(Caraz 1928) , destacado escritor de la generacion del 50, nos presenta su más reciente novela Huérfano de mujer (Santillana 2008), celebrando en grande sus 80 años bien vividos y de fructífera labor como literato y docente universitario. Ha publicado Los aprendices, Retratos turbios, El Cristo Villenas, Pálido pero sereno, Invisible carne herida, Vestido de luto, entre otros.
Recomendada lectura.






Todavía hay momentos en que uno se queda en vilo, en
silencio, a fin de soportar los ojos abiertos y no verla,
hay y no hay un ruido adentro, en el dormitorio, quizá
resuene su campanilla de enfermera; hay que respirar
mejor, andar como hacen los muchachos, con una
botella de agua mineral en la mano.


Claudio Rojas, joven discípulo de un prestigioso
historiador, conoce a Rosa, una muchacha que
tiene un aire a Susana Hayward, y ambos se
enamoran. Van al cine, se conocen, discuten, se
casan, son felices. No hay nada extraordinario,
sus vidas transcurren naturalmente, como el curso
de un río. Pero como para recordarnos que no
podemos dar nada por sentado, el infortunio
los ensombrecerá.

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Huérfano de mujer narra el proceso de la
enfermedad de Rosa y de todo aquello con lo
que su muerte arrasa. Como escenario, una
Lima de cambios veloces, con su centro también
enfermo, decadente, y sus habitantes largándose
a otros barrios. Una familia tradicional que se va
acomodando a los nuevos tiempos. Y un viudo
que intenta levantar cabeza, en una lucha de
sombras contra la dolorosa realidad.

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En esta novela breve Carlos Eduardo Zavaleta
explora, con maestría, la psicología de sus
personajes y teje un rico universo que cautivará
al lector. Una historia rodeada de muerte donde,
a pesar de ésta, la vida persiste con alegría.

(contratapa del libro)





Una foto del recuerdo, el escritor y su esposa en la ciudad de Madrid


Sunday, February 10, 2008

La Flor de la Alameda





de Richard Cacchione




A los amigos que visitan este blog del Rincón del loco
Damos cuenta de la llegada a nuestras manos del poemario La flor de la alameda del Dr. Richard Cacchione, saludamos su ingreso de esta publicación (“formalmente” aunque teníamos conocimiento de su producción, hasta antes de este libro, inédita) a las letras peruanas y aquí una selección del trabajo y fragmentos de auspiciosos comentarios al poemario.


Buena aparte de mi existencia la he pasado y la sigo pasando con personas que aman los libros. Pocas veces he conocido a alguien que los ame tanto como Richard Cacchione Amendola, bibliógrafo minucioso e informadísimo, bibliófilo contra viento y marea. Su curiosidad intelectual es muy amplia, siendo su campo predilecto el de la creación literaria, en mayor medida la poesía (dan fe de ello sus pesquisas bibliográficas sobre voces descollantes de la peruana generación del 50: Blanca Varela, Carlos Germán Belli, Washington Delgado, Javier Sologuren y Alejandro Romualdo), aunque también es un especialista en la narrativa del cubano Guillermo Cabrera Infante.
Fragmento del prólogo de Ricardo González Vigil
Su amor a los libros, sobre todo a los poemarios, fructificó en la creación de sus propios textos, reunidos ahora en el poemario La Flor de la Alameda. Prueba elocuente de que el Perú conquistó plenamente su corazón, volviéndose su segunda patria (con todo el valor de la patria elegida conscientemente), es que sus primeros poemas surgieron en Trujíllo y Lima, en 1967. Brotaron inicialmente en inglés, su lengua materna; pero, a partir de 1994, también compone en español, siendo nuevamente los primeros los de su amor por la peruana Rosita Pinto, su esposa actual. En este volumen el propio Richard Cacchione ha vertido al español los textos concebidos originalmente en inglés.
texto de contratapa de Cardos Zúñiga Segura
ALAMEDA DE NOCHE

La noche en la alameda está iluminada
por una luna argentada.

Las brisas cortan el calor que queda del día solar,
inclinan las copas de los árboles a las damas al saludar.

El sendero cruzado por un camaleón
luce siluetas del pabellón.
Los caballeros a las damas saludan.
Discretamente sus voces se anudan.

Los perfumes florales afrodisíacos en
amores se estimulan.
CADA VEZ

Cada vez que veo un cuadro precioso.
Pienso en ti.
Cada vez que escucho música refinada.
Pienso en ti.
Cada vez que encuentro flores de paraíso.
Pienso en ti.
Cada vez que saboreo algo agradable.
Pienso en ti.
Cada vez que toco algo suave.
Pienso en ti.
Porqué...
Porque pienso en ti.
VALERIA

Sucedió una explosión en las distancias del universo.
Así se saltó una estrellita, en su esfera única.

Rápido, rápido atraviesa el espacio
siguiendo su predeterminado rumbo.

Esta luz casi invisible, vista desde el planeta,
brilla más y más al acercarse a la atmósfera.

Busca su destino en la tierra.
Cruza océanos, continentes y cordilleras.

Aterrizó con el brillo de una feria, así
nació la lindísima Valeria.
UNA SEMANA MÁS

A Jorge Cornejo Polar

Tanto trabajo por hacer
tantos plazos de entrega,
si tantos tuviera una
semana más.

Hasta la cabeza con chamba
siempre contra el reloj,
si tuviera una semana más.

Presentaciones por escribir
cerros de libros por leer,
si tuviera una semana más.

Todo hago solo
no hay ayuda,
si tuviera una semana más.

Juro que cuando muera,
con todo lo que quedará
pediré a Dios
una semana más.

Friday, February 01, 2008

MANUAL DE LITERATURA PERUANA

dos tomos A.F.A Editores 2008

de César Toro Montalvo

La presentación de esta magnifica obra estuvo a cargo del dr. Ricardo González Vigil, quien destacó una vez más la valiosa labor del autor. Esta vez la reunión fue en los ambientes del club de la Unión de Lima a las 7:30 de la noche.
El salón se llenó con la asistencia de gente del ambiente literario y público en general, quienes aplaudieron al autor por su labor cristalizada en este importante aporte a las letras peruanas y de uso obligatorio para docentes y público en general que quieran conocer sobre nuestros hombres de letras a la fecha.

Estos dos tomos del Manual de la Literatura Peruana que va en su quinta edición corregida y aumentada, tiene tres mil páginas que reúne a más de 750 autores peruanos entre poetas, narradores, dramaturgos, ensayistas, etc. y considera desde la literatura oral hasta los escritores registrados el año 2007. El cuidado de la edición estuvo a cargo del poeta e investigador Carlos Zúñiga Segura.

La universidad nacional Enrique Guzmán y Valle ("La Cantuta") le entregó un diploma y una medalla de honor reconociendo su labor de docente, investigador y promotor cultural en esa casa de estudios lo que motivo el efusivo aplauso de los concurrentes.




César Toro Montalvo, Ricardo Gonzalez Vigil y Anibal Cueva (A.F.A editores)
César Reyes Campos director fondo editorial universidad "La Cantuta" y César Toro M.

Rvd. Juan Tejada M., Raúl Heraud, César Toro (autor), Pedro López Ganvini, Ricardo Gonzalez Vigil, Vicenta Carhuachín durante el brindis de honor

Thursday, December 27, 2007

A LA MEMORIA DE "PEPITO" MALCA

José Gonzalo Malca Landavery

Lo conocí desde que yo era un niño, y lo veía en las actividades de la iglesia de la virgen de Chiquinquirá (el barrio de Arequipa donde vivíamos). Era amigo de mis padres, de mi abuela de mis hermanos y hermana, que bailó en el Llampa de Huaylas, en la que años después yo también estando en el colegio 2 de Mayo tuve el orgullo y privilegio de tomar parte. Conocí más el folclor y las costumbres de Caraz y de Ancash: y aprendí a amarla.

Pero quedé impresionado de su fervor religioso, de su dinamismo, de su amor a su tierra como lo tenía por su madre, su amor eterno. Un gran tipo del que fui amigo y le expresé mi cariño y mis sentimientos sinceros de admiración como ser humano solidario y muy enterado: religioso, político, folclorista, etc... En las noches de mi adolescencia cuando en mancha de los Tigres platicábamos en la plaza de armas de nuestra Caraz dulzura, cruzaba con su poncho y sombrero. "Hola pepito" "hola pepe" le decíamos en coro. Hola muchachos, contestaba levantando su vara y continuaba su caminata. Dos horas después regresaba por la misma ruta y se repetía el saludo. Años después, inmerso yo en la literatura y publicando –entre otras cosas- algunos poemarios, incluí este como un saludo a él:


En las venas*

Cultiva el folclor
como pocos o como nadie
Adora las vestimentas
las teje y las muestra con
roncadora, danzas y vestimenta
Su cacicazgo lo hace más
amante de su tierra
de su sangre andina
Su várayoc(1) sólo dice
de su ascendencia y su mando y
cómo ama a su tierra y sus costumbres
y que su voz es autorizada
Orgulloso viste su traje de bayeta
En las noches sombrero y poncho
camina por las calles,
wáchuco(2) y picsha(3).
Calles abajo, calles arriba
cruza la plaza de armas
bordeando la antigua pileta,
vara en mano.
Saluda al ir y al venir
a los amigos de ayer hoy y siempre
camina con el viento del ande
y con el Llampa de Huaylas(4) por siempre

*
Al gran folclorista y mejor amigo, José Gonzalo Malca Landavery
1 Vara que simbolisa y le da poder en la comunidad andina
2 Faja para sostener el pantalón
3 Especie de bolso que cuelga del cuello y cruza el cuerpo, para llevar hojas de coca.
4 Destacada agrupación folclórica del departamento de Ancash creado por Pepe Malca






Pepe... la entrevista quedó pendiente, pese a las reiteradas visitas y conversas... de otros temas y de muy buen ánimo… En donde estés la haremos más adelante... un abrazo de la familia.

petty

Nota: la foto incluida fue tomado de una nota que llegó a mi mail por este medio electrónico. Gracias.




Monday, November 19, 2007

PAISAJE TERRESTRE


PAISAJE TERRESTRE
de
DORIS MOROMISATO





Doris nos cuenta que los poemas incluidos en este poemario fueron escritos entre 1990 y el 2007, algunos ya fueron publicados con anterioridad.

Esta es una edición especial presentada en la IV semana del libro "Canto de amor al Amazonas, poetas latinoamericanos por la floresta, la integración y la justicia", organizada por Tierra Nueva Editores en la ciudad de Iquitos del 13 al 17 de setiembre de esta año.




Nació en 1962 en Chambala, Lima. Es graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado los poemarios Morada donde la luna perdió su palidez (1988), Chambala era un camino (1999) y Diario de la mujer es ponja (2004), así como el libro de crónicas Okinawa. Un siglo en el Perú (2006). Sus poemas, cuentos, ensayos y crónicas están incluidos en diversas antologías y traducidos a diferentes idiomas. En 1992, junto a Martha Meier M. Q., fundó la Red Nacional de Acción Ecologista del Perú (RENACE Perú) y es editora de la Colección Espejo­­­­­ –Poetas por la Naturaleza. Es ecologista, feminista y budista. En el 2006 la Prefectura de Okinawa la nombró Embajadora de Buena Voluntad. Actualmente es columnista de Discovery Nikkei Website, y desde el 2005 tiene a su cargo la organización de las ferias de libros como Directora Cultural de la Cámara Peruana del Libro. Es una mujer agradecida con la vida. Su pasión es editar, organizar eventos culturales, viajar muchísimo y vivir bien acompañada.

Aquí tan solo una muestra:


ORACIÓN DE UN CAZADOR INICIADO
A UN RENO EN GROENLANDIA


Si he de matarte para vivir
prefiero comer bayas y el musgo que crece
entre las piedras
y cuando todo el reino esté pelado
por mi humana voracidad
prefiero esperar que me sepulte la nieve
casto
puro
hambriento

si he de matarte para vivir.


GENESIS

Al principio todo era caos.
La oscuridad cubría los abismos de la tierra
y el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas.
“Hágase la luz”, dijo.
Y creó lo verde, y las criaturas aladas y marinas,
y las estrellas, y las bestias, y el firmamento.
Pero creó la humanidad
y, así, el exterminio.

Oh, Dios, devuélvenos al caos,
voltea la piel a tu creación.

Haz que el elefante africano no tenga marfil
haz que se borre el rojo de los guacamayos
haz que no salte ni sonría el delfín
haz que el tigre blanco se funda con la noche
haz que el oso panda se despeine
haz que sean de piedra los árboles
haz que el pato de Junín no trague mineral
haz que el perrito de la pradera no sea fotogénico
haz que no salten los monos
haz que no canten los canarios
haz que los toros aplaudan la matanza de los toreros
haz que las minas solo sean bostezos de la tierra
haz que vuele el pavo real, y que el de mentira
se quede en los libros
haz que no sean inmaculadas las focas
haz que marta no tenga piel
haz que las flores no sean technicolor
haz que no sea tierno mink
haz que no sean de carne los seres
haz que el aire sea de cristal
haz que los mares sean de papel

Oh, Dios, voltea la piel a tu creación
devuélvenos a la nada.


EL ARTE DE ARRANCAR LA MALAYERBA


Ha de ser la tierra un habitáculo para tu cuerpo.
Como las plantas, echar raíz en todo.

Palpa la superficie, aprende a escuchar con tus dedos
la sinfonía de la tierra
la tersura es su sonata, la esperanza su contrapunto.

Cada gusano lleva en su panza el océano.

Encuentra la malayerba,
a su raíz habrás de llegar sin prisa.
Rodea el corazón sin rasgar la arteria
Ah, el corazón…

De cuajo saldrá la duda

Nada bueno saldrá de ti si estás rodeada
de grama
de insectos
de amores que no restallan contra las olas
que no aparecen su semilla hacia otros huertos

Mi madre decía que dos clases de malayerba tenía la tierra
la que mataba a sus cuyes
y la que no

Si me miras y dices no
la malayerba crecerá en mi pecho
mi corazón se perderá en el lodo
corrupta de amor vagaré por la tierra
Rodea mi corazón.
Ah, mi corazón
y arráncame de cuajo la duda.